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El TDAH no está de moda, pero tampoco todo es TDAH

Este es un tema poco hablado y que también está relacionado con la idea de que el TDAH está «de moda». Y en este sentido quiero ser muy clara, porque aquí hay dos verdades que parecen contraponerse:

Por un lado, las mujeres han sido históricamente infradiagnosticadas, y eso nadie lo puede negar.

Pero, por otro lado, también aumentan las personas que presentan una especie de «disfunción ejecutiva por sobrecarga». Ojo con este término, porque puede confundirse con la disfunción ejecutiva adquirida que describe el deterioro que aparece después de un evento o condición que afecta al cerebro, como un traumatismo craneoencefálico, un ictus, tumores cerebrales o enfermedades neurodegenerativas.

En este caso, me estoy refiriendo al efecto del estrés crónico, la sobrecarga mental, el uso excesivo de pantallas e incluso la perimenopausia y la menopausia sobre las funciones del córtex prefrontal o, para ser más específica, sobre las funciones ejecutivas.

¿Qué quiero decir con esto?

Lo primero es que no pretendo invalidar la experiencia de ninguna mujer que se identifique con los síntomas del TDAH y mucho menos la de mujeres diagnosticadas tardíamente, ya que yo soy una de ellas. Pero sí creo oportuno decir que no todo es TDAH.

Y en este sentido quiero ser rigurosa con la información.

Los estudios realizados sobre el efecto del estrés crónico, la sobrecarga mental, el burnout y las fluctuaciones hormonales sobre las funciones ejecutivas indican que puede producirse una alteración funcional provocada por el entorno, potencialmente transitoria y reversible, ya que no existe un daño estructural cerebral, sino un estado de agotamiento metabólico y sináptico.

En relación con los estudios sobre el impacto de la perimenopausia y la menopausia en las funciones ejecutivas o en el córtex prefrontal, se describe la aparición de síntomas muy similares a los del TDAH. Sin embargo, estos no son consistentes con este diagnóstico cuando no existe una historia de síntomas persistentes desde la infancia y/o la adolescencia.

Uno de los estudios sugiere que, antes de diagnosticar a una mujer entre los 45 y los 55 años (yo incluso ampliaría el rango de los 38 a los 55 años), es necesario investigar cuidadosamente la historia infantil, el estado hormonal, la calidad del sueño, la presencia de síntomas de ansiedad y/o depresión y los niveles de estrés crónico.

Ahora me gustaría hablar de mi experiencia.

Tras crear un cuestionario sobre TDAH en mujeres hace más de dos años, he podido conversar con decenas de mujeres acerca de los síntomas que las llevaban a sospechar un diagnóstico de TDAH. Y pude observar que algunas de ellas no encontraban en su historia infantil anécdotas o características que reforzaran dichas sospechas. También encontré mujeres que basaban sus sospechas únicamente en problemas de memoria, dificultades para mantener la atención o una tendencia persistente al sobrepensamiento.

En mi opinión, basada tanto en mi experiencia profesional como en mi propia experiencia como mujer con TDAH, suelo observar algunos patrones recurrentes:

  • Claros indicios de TDAH durante la infancia y/o la adolescencia que fueron sistemáticamente ignorados.
  • Familiares directos, generalmente varones, diagnosticados con TDAH u otras neurodivergencias, como dislexia o autismo.
  • Niñas que pasaron de un bajo rendimiento escolar a un buen rendimiento gracias a una sobreexigencia interna, más que por presión externa.
  • Cuadros tempranos de ansiedad y/o depresión.
  • Baja autoestima derivada de una vida marcada por las críticas o por un enfoque constante en sus dificultades y supuestos defectos.

De cualquier manera, un diagnóstico de TDAH en la adultez siempre es complejo por múltiples factores:

  • La salud pública se encuentra colapsada en gran parte del mundo.
  • Son escasos los profesionales realmente formados en TDAH o que lo consideran dentro de sus hipótesis diagnósticas.
  • En muchos casos, las personas no pueden costear una evaluación privada.
  • El masking, que no es más que un mecanismo de supervivencia desarrollado desde edades tempranas, dificulta considerablemente el diagnóstico.
  • A partir de los 35 o 40 años, los cambios hormonales también deben formar parte de la evaluación clínica.

Mi mejor recomendación es, y seguirá siendo, la misma:

No te quedes enfocada únicamente en obtener un diagnóstico. Comienza a trabajar en aquello que más te cuesta y más afecta tu calidad de vida.

Recuerda que todo comienza en tu sistema nervioso. Por eso, reducir el estrés diario, abordar los problemas de sueño y aprender a cultivar más calma pueden ser excelentes puntos de partida, independientemente del diagnóstico final.